Principio de placer y principio de realidad.
Conocer el principio de placer y principio de realidad te ofrece la explicación a la mayor parte de tus decisiones diarias ¿Te has parado a pensar por qué haces lo que haces? o ¿Por qué no consigues hacer lo que te propones? ¿Que pecado o fuerza maligna opera detrás de tus actitudes evitativas? Si es así, sigue leyendo…
Como pecado capital es la pereza, la filosofía lo llama hedonismo, la forma moderna de hablar de este fenómeno es procrastinación… Igual me da que me da lo mismo. Lo que estás haciendo es tal como descubrió Freud, buscar el placer y evitar el dolor, o como explica la psicología cognitiva actual, escoger la gratificación inmediata.
Aunque las decisiones que tomas de forma consciente están guiadas por tus metas y valores, en la realidad muchas veces no ejecutas en tu día a día esos pequeños pasos que te conducen hacia ellas. Dichas metas no tienen porque estar necesariamente orientadas hacia grandes logros, abarcan todo el abanico de acciones que decides tomar a diario: acostarte o levantarte un poco antes; dejar de consumir ciertos alimentos o sustancias; comenzar a practicar algún deporte; abandonar ciertas actitudes mentales nocivas como el auto sabotaje y la crítica y cambiarlas por otras más sanas; y un larguísimo etc…
El principio de placer y principio de realidad explican porqué ocurre esto: estás motivada por una razón muy simple y lógica: quieres sentirte bien inmediatamente y evitas sentirte mal, y para ello cometes un error garrafal: escoges continuamente la gratificación inmediata en lugar de actuar pensado en el largo plazo. Sí, así de simples somos a primera vista. Este principio está en el trasfondo de actitudes tales como: Adicciones; abandono de estilos de vida saludables (dieta, ejercicio…); abandono de procesos terapéuticos, etc.
¿Qué Es el principio de placer y principio de realidad?
Imagina que eres como un detector de dos cosas: lo que te da placer y lo que te causa dolor. Todo el tiempo estás midiendo cómo evitar una y conseguir la otra. Desde que decides quedarte 10 minutos más en la cama porque es cómodo, hasta cuando te esfuerzas en el gimnasio para sentirte bien contigo misma, siempre estás navegando entre estas dos fuerzas.
¿De dónde proviene esta tendencia?
Es una cuestión de supervivencia. Piénsalo: cuando comemos, es porque tenemos hambre (un dolor que queremos evitar), pero también porque disfrutamos la comida (un placer que queremos experimentar). Esta dinámica está grabada en nuestro cerebro desde tiempos prehistóricos. Si no evitáramos el dolor del hambre o no buscáramos el placer de la saciedad, simplemente no habríamos sobrevivido.
El problema viene cuando este principio no madura y se educa correctamente con la edad, y por ello se traslada a otras actitudes de nuestra vida como has visto.
Como romper con el principio de placer y principio de realidad.
Para romper con este patrón es necesario invertir el orden del principio: Hay que colocar en primer lugar la realidad (metas tangibles y alcanzables), y en segundo lugar el placer. Si lo piensas bien, cada pequeña acción que tomas puede reducirse a esta simple dinámica:
- Ponte sanos límites: Hoy en día se habla mucho de poner sanos límites a los demás, pero a la primera persona a la cual de debes marcar unos sanos límites es a ti misma.
- Obsérvate, observa tus impulsos: Ningún trabajo terapéutico será efectivo si no aprendes a observarte a ti misma.
- Acepta la frustración y el malestar como lo que es, algo temporal y necesario. No podemos sentirnos bien todo el tiempo, de hecho cuando estés intentando cambiar un hábito nocivo te vas a sentir mal inevitablemente. Acepta ese malestar siendo consciente de que pasará, y te hará más madura y más fuerte.
- Empieza con pequeñas cosas: y a continuación ve incrementando la dificultad. Si por ejemplo procrastinas porque hacer esa tarea aburrida o difícil te causa incomodidad, pero revisar redes sociales te da una dosis inmediata de placer, ponte unos sanos límites para mirar las redes sociales ( dos veces al día).
- Pon más consciencia en lo que haces: Aunque ponerte límites a ti misma al principio duele, sabes que el resultado te traerá placer: un cuerpo saludable, más energía, un estado emocional más equilibrado, o simplemente la satisfacción de haberlo hecho.
- Invierte en el largo plazo: No te quedes solo con el placer o el dolor inmediato. Considera cómo tus decisiones de hoy afectarán tu bienestar futuro.
- Recompénsate sabiamente, no gratuitamente. Usa el placer como motivación responsable, no como capricho. Por ejemplo, después de completar una tarea difícil, date un pequeño premio que te haga sentir bien, hazlo y disfrútalo de forma consciente, no de forma impulsiva.
Si quieres empezar a obtener resultados diferentes, empieza a hacer las cosas de un modo diferente.
Saber que tus acciones están guiadas por este principio te da una ventaja: puedes empezar a observar tus patrones y tomar decisiones más conscientes.
En el fondo, somos seres simples. Toda nuestra complejidad psicológica se reduce a este vaivén entre placer y dolor. Pero no por eso somos prisioneros de nuestras emociones. Al entender cómo funciona esta dinámica, puedes empezar a tomar decisiones que realmente te acerquen a una vida más plena y equilibrada. Así que la próxima vez que te enfrentes a una elección, recuerda: Ese pequeño acto que estás apunto de hacer ¿te acerca o te aleja de tus metas a largo plazo?
“Locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes” Albert Einstein.
