Paso corto, mirada larga.

Paso corto, vista larga

Paso corto, vista larga.

 

«Mi tío, que estuvo exiliado en Francia durante el franquismo, al volver vivió durante unos años con nosotros. El siempre nos decía: Paso corto, vista larga.» 

Esta frase me la dijo el lunes Javier, de 71 años, mientras volvíamos en coche de Navalsaz. Es curioso como cuando no tenemos expectativas sobre el resultado, y nos permitimos escuchar con atención, todo tiene mucho más sentido del que somos conscientes. Cuando escuché esta frase yo llevaba varios días reflexionando sobre el pensamiento, la toma de decisiones, sobre como las personas nos dispersamos continuamente y sobre esta moda de la manifestación actual. Y no me refiero a las manifestaciones reivindicativas con pancartas, me refiero al: Pide y se te dará. Vamos allá…

Algo que deberíamos tener muy en cuenta, es que el principal trabajo de nuestro cerebro es el siguiente: TOMAR DECISIONES. Tomamos miles de decisiones a diario, las cuales van conformando nuestro destino. Lo decidimos todo, desde lo más nimio : como te mueves, donde te sientas, hacia dónde miras, ¿Estiro la pierna o la dejo flexionada? ¿Cambio de postura o continúo cómo estoy? ¿Miro el móvil o no lo miro? ¿Me levanto o continúo sentada?… hasta lo mas sustancial: ¿Continúo con ese trabajo o lo dejo? ¿Compro vivienda o no lo hago? Las pequeñas decisiones constituyen los pequeños pasos que nos van llevando hacia decisiones más sustanciales, por lo tanto son en las que más consciencia debemos poner en nuestro día a día, o me atrevería a decir: minuto a minuto. Estas continuas decisiones las podemos tomas gracias a la capacidad que nos ha sido otorgada. El DON  de poder decidir, al cual también podemos llamar:

Albedrío amiga, albedrío… el albedrío es ese espacio de vacío en el cual podemos decidir, si tomar la pastilla roja, o tomar la azul.

En la actualidad está muy de moda hablar sobre  “manifestar” deseos, metas y sueños, algo a lo que yo llamo realismo mágico psicológico. A veces se presenta como si bastara visualizar con fuerza o pedir al universo para que algo suceda. Sin embargo, cuando miramos con mayor realismo y madurez, comprendemos que la autentica receta de la manifestación es la siguiente: PASO CORTO, VISTA LARGA. Cada paso que damos es cada decisión que tomamos.

La manifestación real se da cuando no perdemos el foco de nuestra atención sobre lo que queremos conseguir y vamos dando pequeños pasos hacia esa meta sin dispersarnos.

No hay truco. No hay hechizo. No hay atajos.

La manifestación no es un acto mágico, es la consecuencia natural y acumulativa de nuestras pequeñas decisiones cotidianas.

Cada día elegimos: a qué le damos tiempo, qué evitamos, a quién escuchamos, qué pensamientos alimentamos, qué acciones posponemos y cuáles realizamos. Y aunque parezcan mínimas, esas decisiones van trazando un camino, construyen patrones, definiendo hábitos y, finalmente, creando nuestra realidad.

La principal tarea del cerebro es tomar decisiones —y toma miles de decisiones al día.

Algunas son conscientes,  la mayoría automáticas o inconscientes. Muchas pasan desapercibidas… y justamente ahí está el punto crucial: lo que decide nuestra mente sin que nos demos cuenta suele dirigir nuestra vida más que lo que decidimos conscientemente.

«Si no haces consciente el inconsciente, este dirigirá tu vida, y lo llamarás destino. Carl. G. Jung.»

Por eso, el verdadero “realismo mágico psicológico” consiste en aprender a mirar hacia dentro con atención:

  • Observar qué elegimos pensar.

  • Reconocer cuando elegimos la palabra o el silencio.

  • Detectar dónde nos autosaboteamos.

  • Percibir en qué momento nos dispersamos.

  • En lugar de victimizarnos, analizar los pasos, la decisiones que hemos ido tomando para llegar a dicho resultado.

Paso corto, mirada larga.

La clave no está en intentar controlar el universo, sino en desarrollar  capacidad de auto-observación, responsabilidad y madurez ante nuestras decisiones:

Lo más importante es hacernos conscientes de nuestras decisiones, y esto solo se consigue mediante la auto observación.

Cuando cultivamos presencia, empezamos a notar la sutileza: ese impulso de postergar, ese gesto de miedo, esa elección que parece pequeña pero que se repite día tras día. Y al verla, surge la posibilidad de elegir distinto.

Ahí ocurre lo que desde fuera podría parecer magia: nuestra vida empieza a alinearse, las metas se acercan, los caminos se abren. Pero no es magia —es coherencia entre intención, atención y acción.

Y quizá la pregunta más poderosa para empezar sea simple, directa y profundamente transformadora:

¿Eres consciente de lo que estás decidiendo en este momento?

Supongo que ahora estarás pensando, que yo no creo en la manifestación. No es así, si que creo, y de hecho la he experimentado. He experimentado el conseguir alguna cosa (dos o tres)  que si me las hubiesen dicho años atrás no lo hubiese creído. Pero también es cierto que si analizo el proceso en retrospectiva puedo ver perfectamente los pasos que me llevaron a dichas consecuciones. En cuanto a las cosas que no he conseguido, tengo que ser exactamente igual de realista, ya que veo perfectamente los pasos, las pequeñas decisiones, que me han ido aparando de mi propósito para que este justamente no se diese.

No obstante, también existe el azar, hay cosas que simplemente suceden, que se salen de nuestra decisión por albedrío. Yo creo que el albedrío es una decisión personal, y el azar, una decisión divina, pero esto ya son rollos míos…

Hagamos lo que esté es nuestra mano: paso corto, mirada larga, y disfrutemos del proceso sin expectativas.

No hay que confundir los propósitos con las expectativas. Un propósito es una decisión a largo plazo de algo que queremos conseguir, una expectativa es lo que creemos que esa ese propósito una vez realizado nos va a proporcionar.

Voy a dejar este artículo así, tal y como está, frenada en seco, porque es 31 de diciembre y son las 2 de la tarde, no son horas ni momentos de seguir trabajando. Así que sin más:

Te deseo, y me deseo, un 2026 lleno de consciencia es tus decisiones.

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Marina Melo Psicóloga Especialista Terapias Grupales
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